miércoles, 21 de julio de 2010

Selección de líderes, qué importa más: lo que fueron, lo que son o lo que serán?

Todavía está fresca la derrota de la Selección Argentina de fútbol frente a Alemania en el mundial de Sudáfrica 2010. En mi país esto generó una gigante conversación sobre el pasado, presente y futuro de nuestro equipo, y fundamentalmente sobre la dirección técnica del mismo, a cargo de Diego Maradona.

En los hechos, Maradona no tenía reconocimiento como director técnico, sus intentos anteriores en el fútbol argentino habían sido breves y sus resultados olvidables. No había mucho que pudiera decirse sobre sus métodos de trabajo, su capacidad de organización ni sobre sus conocimientos tácticos o estratégicos. En este sentido, y en cuanto a otros aspectos de su pasado, había más dudas que certezas.

Sin embargo, en donde había mayores expectativas, era tal vez en lo que seguramente podía ser su mayor fortaleza: el efecto motivador para los jugadores de contar con el "alguna vez" mejor jugador del mundo de su lado, saber que "el Diego" iba a estar con ellos para guiarlos en la misión era un lujo que ningún otro equipo iba a tener.

Finalmente, el equipo terminó Quinto en el mundial, un buen resultado para cualquier equipo, pero un flojo logro para un seleccionado argentino. Por otro lado, en el corto ciclo bajo el liderazgo de Maradona, las estadísticas de su equipo han sido tal vez hasta mejores que la del seleccionado bajo otro liderazgo aparentemente más preparado para la función.

Está claro que a la hora de seleccionar personas que puedan ejercer funciones de liderazgo, estamos apostando por el futuro, por lo que esas personas lograrán de acuerdo a su evolución, para lo que nos apoyamos en alguna medida en lo que fueron (sus logros y experiencias del pasado), lo que son y hacen (el presente), para tratar de construir a partir de allí lo que podrían llegar a ser y lograr en el futuro.

Si existen características pasadas o presentes que nos permiten extrapolar un potencial o futuro similar al que esperamos, entonces tenemos al candidato ideal y supondremos que bajo determinadas circunstancias las probabilidades de éxito serán significativas. Esto ocurre en contadas ocasiones.

Si detectamos que hay espacios para completar entre el pasado y presente del candidato, y el futuro que buscamos, podemos optar entre varias alternativas: apostar y darle a la persona el apoyo necesario para acercarse a un estado cuasi ideal que maximice su probabilidad de lograr los resultados esperados (el futuro), o apostar igual, no hacer nada y ver como se desarrollan los acontecimientos, con probabilidades de éxito inciertas.

En mi opinión, el caso Maradona es paradigmático en este sentido, su continuidad como técnico del seleccionado argentino sigue en discusión, porque a pesar de su presente (su efectividad en el ciclo, su quinto puesto en el mundial y la experiencia acumulada en el proceso), para algunos, su pasado hacía suponer desde el comienzo que tenía baja probabilidad que su futuro (el de su equipo) se acercara al esperado por lo que en adelante, no hay nada que garantice que pueda sostener los resultados en base a sus características y fortalezas actuales, sin mediar cambios o refuerzo de sus capacidades (por ejemplo mediante colaboradores que complementen técnicamente su capacidad de motivación).

En función de lo anterior, me surge la siguiente pregunta: si en vuestras organizaciones tuvieran que elegir entre varios candidatos, a que le otorgarían mayor ponderación: al pasado, al presente o al futuro probable de cada uno?

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